La
semana pasada presentamos en Torreón el libro "Tarazona. Presencia en Coahuila y el
mundo", primero de la colección Patrimonio Coahuilense a cargo de la
Coordinación Editorial de la Secretaría de Cultura del Estado. El volumen
inicia con los textos del gobernador Rubén Moreira Valdez y de Ana Sofía García
Camil, titular de la Secretaría de Cultura. Se suceden los artículos de Javier
Villarreal Lozano, Jesús Pérez Uruñuela, Miguel Canseco y Arturo Villarreal
Reyes.
Salvador
Tarazona (n. Valencia, España - m. Caracas, Venezuela, 1961) fue un pintor,
decorador y escenógrafo que alcanzó cierta notoriedad en nuestro país por su
trabajo en el Palacio de Gobierno en Saltillo (1928 - 29), el Teatro Isauro
Martínez en Torreón (1930) y el Palacio de Cortés en Cuernavaca (1938 - 1944).
Miguel
Canseco describe a Tarazona en su texto del libro como un pintor autodidacta, "ajeno a los movimientos
artísticos que se generaban en las grandes capitales", más artesano que
artista, un maestro "fallero" que aprendió el oficio de la pintura y
la cartonería construyendo castillos en las Fallas de su natal Valencia.
Concluye afirmando que Tarazona está "supeditado a las exigencias de sus
clientes y adapta su estilo a las necesidades de cada recinto y ocasión".
Antes
de llegar a México en 1904 para realizar pinturas decorativas en las haciendas
de Yucatán, Tarazona participó en la decoración del Pabellón Español de la
Exposición Universal de 1900 en París. En la ciudad de México ornamentó el carro
alegórico de la fábrica de cigarros El Buen Tono para el Centenario de la
Independencia (1910) pero durante la
Revolución Mexicana migró a Nueva York, empleándose en las escenografías
de Broadway. A su regreso a México, continuó ejerciendo el mismo oficio en el
Teatro Principal de la capital. Años después y tras un breve paréntesis en
Europa, Tarazona es contratado en Coahuila para realizar dos comisiones, una de
ellas en el interior del Teatro Isauro Martínez.
Salvador
Tarazona realizó lienzos monumentales con temáticas donde concertó diálogos
impensables entre la historia, la alegoría y el mito. La fundación de
Monterrey, la fundación de Saltillo, episodios de la vida de Hernán Cortés,
remembranzas del imperio de Maximiliano, visiones de la India y el Medio
Oriente, del México prehispánico y de las Mil y una Noches, todo tiene la misma
cabida en su obra como si de un gran teatro del mundo se tratara. En efecto, su
ecléctico pincel estuvo tanto al servicio de los repertorios iconográficos
marcados por sus patronos como al servicio del artificio, la fantasía y el ensueño
propios del teatro y la escenografía.
De
aquél “Palacio de las Ilusiones” en el que París se transformó durante la
Exposición Universal de 1900 a la ampulosa decoración del Teatro Isauro
Martínez en Torreón no hay mayor distancia que la de un parpadeo.
"Tarazona.
Presencia en Coahuila y el mundo" es una significativa aportación a la
historia regional en nuestro país. Esperemos que en un futuro veamos ampliados
sus contenidos por más investigaciones que exploren la vida y obra de este
pintor, decorador y escenógrafo que tuvo a bien hacer escala en Torreón,
dejando ahí una obra que ha asombrado a propios y extraños por varias
generaciones.
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