Conmovedora la
inocencia de aquel estudiante recién egresado de la universidad cuando llega puntualmente
a su primer día de trabajo con café en mano, traje planchado y portafolio recién
comprado. Dispuesto y servicial, agradecido
y frecuentemente mal pagado, aún no conoce a fondo todos los sinsabores que le
depara la vida laboral. Menos aún cuando se trata de la vida de un trabajador
de museo. Parece que has encontrado el mejor trabajo de tu vida… ¿o no?
Recientemente
llamó mi atención un blog de autoría colectiva que lleva por título When you work at a museum (Cuando
trabajas en un museo). En este sitio se ironiza humorísticamente sobre las
situaciones un tanto ridículas por las que se pasa como empleado, colaborador o
voluntario en un museo, y créanme que las hay a montones. Este sitio Tumblr, creado en los Estados
Unidos, ha reunido desde octubre del año pasado 173 aportaciones conformadas
por una o varias animaciones GIF y frases anecdóticas tipo: “Cuando un artista
quiere instalar una bañera repleta de espagueti, algas marinas y yogur en tu
galería y dejarla por dos meses” o “Cuando recibes un comentario diciendo que
necesitas añadir algunas pinturas del Renacimiento a tu museo de arte
contemporáneo”. Estimados colegas, ¿no les suena remotamente familiar?
Uno de mis favoritos es éste: "24 horas antes de que abra una nueva exhibición".
Uno de mis favoritos es éste: "24 horas antes de que abra una nueva exhibición".
Pero, ¿quiénes trabajan en un museo? Somos una especie extraña y algo sufrida de profesionales
que va desde los educadores, pedagogos, guías, voluntarios, curadores,
investigadores, recaudadores de fondos, arquitectos, museógrafos, montajistas,
restauradores, operarios, conserjes, patronos, custodios, contadores, diseñadores, secretarias, editores, registradores de obra, filántropos, historiadores, consejeros, directores, carpinteros, programadores y un larguísimo etcétera. Me
arriesgo a decir que como mayoría, estamos altamente motivados y mantenemos
un gran respeto por nuestra profesión, por el público y el patrimonio; muchas
veces a pesar de los bajos sueldos, los horarios imposibles, los problemas
económicos y los vaivenes políticos.
Estoy segura que mi queridos colegas, amigos y visitantes de los museos verán con el mismo afecto y empatía que yo las entradas del blog “When you work at a museum”. De mi parte les confieso que todavía no me animo a contribuir con ninguna, pero les juro que anécdotas ¡me sobran!
Estoy segura que mi queridos colegas, amigos y visitantes de los museos verán con el mismo afecto y empatía que yo las entradas del blog “When you work at a museum”. De mi parte les confieso que todavía no me animo a contribuir con ninguna, pero les juro que anécdotas ¡me sobran!
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