Tras el segundo debate y a unos
cuantos días de las elecciones del 2012, los candidatos a la presidencia aún enfrentan
sus propias limitaciones para formular y comunicar propuestas de gobierno concretas
y viables que permitan al electorado emitir un voto informado y responsable.
De todos los importantes asuntos pendientes
en la agenda política del país quiero atraer un momento su atención hacia la
cuestión cultural: primero porque me parece que en los medios de comunicación
no se le ha dado la difusión necesaria y segundo, porque la cultura, como concepto
integrador, es un elemento transversal que recorre todas las políticas públicas
del Estado: educación, ciencia, tecnología, política exterior, turismo, derechos
humanos, desarrollo social y económico. De ahí su gran importancia estratégica
para el presente y futuro de México. Nada despreciable considerando que los
candidatos y los medios han puesto si no nula, más bien poca atención al tema.
Sin embargo, hay algunas excepciones.
En la página Arena Electoral[1]
tuve la fortuna de encontrar un compendio metódico y comprensible de las
afirmaciones -escasamente podríamos llamarlas plataformas políticas o incluso
propuestas- realizadas por los candidatos a la presidencia sobre la cultura.
En estricto orden alfabético, Andrés
Manuel López Obrador propone acciones como reformas estructurales y
legislativas, entre éstas el garantizar el derecho constitucional a la cultura,
promulgar una ley “general” y crear un organismo autónomo que coordine la
política cultural del país. Asimismo no deja de lado el cuidado del patrimonio
cultural y los estímulos a la creación mediante becas. Grandes acciones todas
ellas pero escasos objetivos. Al parecer, para López Obrador la cultura es
únicamente la serie de instituciones, leyes e incentivos que emanan desde un
gran Estado patrocinador, magnánimo y centralizador. Importante decir el qué
pero más aún el explicar el cómo.
Enrique Peña Nieto se pronuncia a
favor de los estímulos “a la generación y preservación de las diversas
expresiones culturales” y del fortalecimiento “de la vertiente cultural del
sistema educativo”. Frases medianamente vagas que dejan mucho a la
interpretación. Para Peña Nieto, la cultura es una estrategia para la “recomposición
del tejido social y para combatir las conductas antisociales y la violencia”. También
propone generar una política pública que fortalezca “las industrias y empresas
culturales orientadas al desarrollo social de los mexicanos” así como a crear alianzas
con el sector privado y otorgar incentivos fiscales. En pocas palabras, para el
candidato Peña Nieto un poco de educación aquí, un poco de inversión privada
allá y algunos tantos festivales culturales nos librarán, con suerte, de la
violencia y el rezago económico. Fácil dar buenas razones cuando no se definen
los objetivos ni la instrumentación de los mismos.
Entre los propósitos de Josefina
Vásquez Mota surge una vez más la inquietud de crear un nuevo organismo rector
del área, en esta ocasión bajo la forma de una Secretaría. Igualmente se
pronuncia por garantizar el derecho a la cultura, aunque no especifica el cómo
hacer realidad esta medida. La candidata se compromete al “desarrollo y promoción
de museos y bibliotecas” –debe ser porque anteriormente no se había hecho-, así
como a “crear un sistema de seguridad social para los artistas y creadores
mexicanos”. Finalmente, aseguró que multiplicaría por 10 el presupuesto
dedicado a la cultura aunque falla una vez más en aclarar la proveniencia de
este presupuesto y los sectores específicos en los que se aplicaría. Una vez más, se dice el qué pero nunca el cómo.
El candidato Gabriel Quadri de la
Torre habla de convertir al CONACULTA en un “órgano independiente con
presupuesto, personalidad jurídica propia y autonomía de gestión” además de que
propone sistemas de evaluación a los trabajadores y directivos. En sus propuestas habla de la creación de un Fideicomiso
Nacional de Cultura armado con presupuesto proveniente de aportaciones privadas
e internacionales; así como de dinamizar el sector con “concesiones en alianzas
público-privadas para la comercialización de productos culturales”. Por último, en materia de política exterior,
propone la “proyección de México en el mundo a través un sistema ambicioso de
difusión cultural”. Una vez más grandes conceptos sin mucho fondo o sustancia,
aunque vale la pena destacar sus menciones al sector privado y su posible
participación como patrono o mecenas, por más limitada que sea esta noción hoy
en día.
Cada elector será el mejor juez de
los candidatos y sus propuestas emitiendo su voto este próximo domingo 2 de
julio, seamos verdaderos ciudadanos prolongando nuestra acción democrática más
allá de las urnas siendo críticos, informados y participativos. Hasta aquí mi
invitación.
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