Por
el cariz de las noticias relacionadas al fallecimiento del mandatario
venezolano Hugo Chávez pareciera que no existió una Venezuela antes del chavismo.
La candidatura de Nicolás Maduro a la presidencia como “Hijo de Chávez” y la
decisión de embalsamar el cuerpo al estilo Lenin/Mao/Ho Chi Minh, no hacen sino
contribuir a esta noción mediática. Por esto y en contraste, mi comentario del
día de hoy es sobre un par de cuestiones culturales en Venezuela que, a mi
parecer, son poco conocidas fuera de su país.
En
las décadas del cincuenta y sesenta la ciudad de Caracas se distinguía por ser
una metrópolis ultra moderna con espíritu progresista y arquitectura de
vanguardia. Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez instalaban magnas obras artísticas en
espacios públicos como aeropuertos, edificios gubernamentales e incluso,
centrales hidroeléctricas. La Ciudad Universitaria,
ahora declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, la Villa Planchart, del arquitecto italiano
Gio Ponti; y el Parque del Este, diseñado por el paisajista brasileño Roberto
Burle-Marx, son tan sólo algunos ejemplos de la arquitectura en esta recién
encontrada modernidad.
Gracias
a este ímpetu, en los años setenta surgieron
dos proyectos culturales que hoy en día han encontrado enorme reconocimiento y proyección
internacional. En 1973 una pareja de acaudalados
venezolanos iniciaron la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC) con obras
de arte contemporáneo, arte moderno y colonial, piezas de artistas viajeros en
Latinoamérica y objetos etnográficos agrupados en la llamada colección Orinoco.
Desde sus sedes en Nueva York y Caracas, la CPPC busca “promover el
conocimiento y la valoración de las contribuciones de Latinoamérica a la
historia universal del arte y de las ideas, así como apoyar la innovación,
creatividad, educación e investigación en el campo del arte latinoamericano.”
En
1975, el músico José Antonio Abreu fundó el Sistema de Orquestas Juveniles e
Infantiles de Venezuela con la misión de dar “rescate pedagógico, ocupacional y
ético a la infancia y la juventud, mediante la instrucción y la práctica
colectiva de la música, dedicada a la capacitación, prevención y recuperación
de los grupos más vulnerables del país.” El Sistema, como es conocido más
familiarmente, está conformado por una serie de Núcleos operativos en ciudades
y pueblos que integran una compleja red de 150 orquestas juveniles y 70
orquestas infantiles. En 2009 existían 180 Núcleos que atendían a 350.000 niños
y jóvenes. En la actualidad, el afamado
conductor Gustavo Dudamel es su director artístico y musical.
Hoy,
desde la incertidumbre del presente obviamos que la condición histórica de
todos los países es discontinua e inestable, es decir, con posibilidades cambio,
de movimiento. Si bien no podemos soslayar que la riqueza petrolera financió la
arquitectura y el arte de Venezuela de décadas pasadas, también gestó bajo su
sombra desigualdades sociales que fueron aprovechadas por los movimientos
chavistas. Lección: la cultura no puede entenderse sin atención a lo social.
La
última frase de Hugo Chávez en su lecho de muerte fue: “No me dejen morir”. Él ha
abandonado físicamente este mundo, Venezuela sigue ahí. No la dejemos morir.
IMAGEN: Carlos Cruz-Diez. Ambientación cromática (1977) Sala de Máquinas N°1, Central Hidroeléctrica Raúl Leoni. Guri, Venezuela
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