La
importancia que el mercado del arte tiene en la economía mundial no debería ser
nunca desestimada ni por las entidades financieras, o por la comunidad
artística y cultural; menos aún por los gobiernos en sus políticas fiscales o
de fomento destinadas al sector. Como muestra,
un simple dato: el proveedor de servicios financieros británico
Barclays, calculó en 2013 un estimado de 4 billones de dólares invertidos -a
nivel internacional-, en obras de arte y otros bienes que podríamos considerar
como coleccionables, entre éstos: autos de lujo, numismática, filatelia, vinos,
metales preciosos y joyas.
El
reporte de Deloitte nos da una palabra clave: “convergencia”. Una convergencia
gradual entre los intereses y motivaciones de los inversionistas claves en el
mercado del arte, y la comunidad de entidades financieras, que coinciden en considerar
al arte como un valor importante en el escenario global. En el periodo evaluado
de 14 meses previos a marzo del 2013, Deloitte evidenció que la motivación para
la inclusión de bienes artísticos como parte de las carteras de inversión
tradicionales no es ya la competencia, sino la propia demanda del cliente,
demanda que marcará tendencia en los próximos años. Un cliente que desea la
inversión en bienes artísticos en parte como una decisión financiera, pero
también como una opción emotiva, de prestigio y disfrute personal.
El
incremento en la tendencia de inversión centrada en los intereses financieros y
personales del cliente tiene su fundamento, por supuesto, en la incertidumbre
de los mercados producto de la crisis económica actual. Este panorama amenazante y desestabilizador
es ideal para replantear el papel del arte y, por qué no, de las industrias
culturales en general, como una opción viable para una economía que, si bien ha
primado la movilización de capital hacia instrumentos bursátiles, ahora se
inclina hacia la compra de bienes artísticos y de colección como una herramienta
estratégica para la diversificación de
las inversiones. Más aún, en el panorama de hoy en día, la inversión en arte no
tiene tanto que ver con el valor de éste para capitalizar al poseedor en una
transacción de venta posterior, sino en las opciones de diversificación y
flexibilización de su cartera de inversiones y capital de resguardo en efectos
que tengan nula o escasa correlación
directa con instrumentos tradicionales como los bonos o las acciones.
A
manera de conclusión nos queda la noción de que para alcanzar a comprender la
actualidad del mercado del arte en este año que comienza del 2013, debe recabarse
información sobre la tendencia de consumo del cliente y la conformación de sus
portafolios de inversión. La obra de arte, en este sentido, es tanto un activo
como un servicio: un activo en cuanto a su valor intrínseco de mercado, pero
también un servicio en cuanto a su valor agregado como experiencia. En este escenario, ¿cuál sería la ventaja
competitiva de la comercialización de arte en México y desde México?
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