De los siglos XVI al
XVIII
el gremio de plateros de la ciudad de México se
convirtió en uno de los más adinerados e importantes, destacando como
patrocinador de magnas obras cívicas y religiosas. Desde la Plaza Mayor -ahora
el Zócalo-, centro simbólico y geográfico del virreinato, desplantaba la calle
de Plateros, actualmente Francisco I. Madero; afamada por la calidad y la
belleza de las piezas de orfebrería que podían adquirirse en sus
establecimientos comerciales. Aún hoy en día esta tradición joyera continúa a
lo largo de estas históricas manzanas.
Los orígenes de la platería novohispana son tan
antiguos que se remontan prácticamente a la fundación de la ciudad de México el
13 de agosto de 1521, día de san Hipólito. Todo el siglo fue muy importante en
materia de reglamentación de esta actividad en los territorios americanos. Tan
pronto como se fundó la ciudad, unos años después en 1527, fueron nombrados los primeros supervisores o
veedores en esta materia. En 1559, el rey de España, Felipe II derogó la ley
que prohibía ejercer este arte en el virreinato y en 1585 se declararon las
primeras ordenanzas destinadas al gremio de plateros en la Nueva España.
Con tanta legislación e interés por parte de la Corona
Española, aunados a la propia riqueza del suelo novohispano, la explotación
minera y el beneficio de la plata adquirieron una gran importancia económica. No sólo se benefició el imperio español
sino que también se favoreció el desarrollo de importantes ciudades erigidas en
las zonas mineras de la Nueva España que vieron el surgimiento de la “arquitectura de la plata” y la adopción
del llamado estilo plateresco durante el siglo XVII. A lo largo y ancho del
territorio se fueron descubriendo y explotando vetas argentíferas y auríferas,
y así se hicieron famosas las minas de Zacatecas, Guanajuato, Taxco, Pachuca,
Real del Monte y San Luis Potosí. Todo esto ocurría al tiempo que la sociedad
novohispana se convertía en gran consumidora de objetos suntuarios, no
solamente por su carácter utilitario, sino también por su potencial para
expresar tendencias y modas a partir de la variedad infinita de formas,
texturas y apariencias que permite este noble metal.
Desde la época prehispánica, nuestros primeros
orfebres desarrollaron una singular maestría en el manejo de los metales
preciosos. Esta pericia fue posteriormente aprovechada en los gremios
virreinales que manufacturaron preciados objetos dedicados a dar realce a los
ritos y rituales en palacios, conventos
e iglesias de la Nueva España. Los hasta entonces desconocidos patrones decorativos importados de Europa
fueron entonces plenamente adoptados por los plateros americanos, resultando en
una exaltante mezcla de exuberancia barroca que asombrosamente prevalece en el
gusto popular hasta nuestros días.
Caminar en el centro histórico de la ciudad de México
por la peatonal de Francisco I. Madero, antiguamente llamada calle de Plateros,
es hacer un recorrido por la historia de la plata en nuestro país. Es recordar
la riqueza artística y económica de una actividad que entonces y ahora,
continúa dando lustre y prestigio a nuestro país.
Platón
Segunda mitad del siglo XVIII
Plata repujada y cincelada
57.5 cm. Ø
Fundación E. Arocena / Museo Arocena (Torreón, Coahuila)
Fotógrafo Gerardo Suter
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