La intención del
corporativo Disney de registrar “Día de Muertos” como una marca de su propiedad
no podría haber sido peor recibida entre los medios y la opinión pública. Hasta
el pasado martes, Disney pretendía erigirse como propietaria del dominio
exclusivo del “Día de Muertos”, esto con la finalidad de comercializar su
última película animada bajo la dirección de Pixar y del creador de Toy Story 3
Lee Unkrich.
La supuesta
película “Día de los Muertos” generaría asimismo una serie de productos y
mercancías que también Disney deseaba comercializar. Además de los sendos peluches
y muñequitos, se fabricarían adornos de navidad, imanes decorativos, productos
de tocador, comida congelada y botanas, tal como lo expresó la empresa en su
aplicación para el registro ante la U.S. Trademark and Patent Office.
Los internautas
manifestaron su desaprobación a través de las redes sociales poniendo en
evidencia así las rapaces políticas comerciales de este gigante del
entretenimiento norteamericano. Ante el amplio descontento y las airadas
protestas que este pretendido registro suscitó en la opinión pública, Disney ha
optado por desistir de su intento. Ahora, han decidido cambiar el título de la
cinta y retirar la solicitud de derechos sobre el nombre. Al parecer, su
intención original era “proteger cualquier título potencial de la película o
alguna actividad relacionada”, según expresó una portavoz de Disney en un
comunicado a CNN México, quien también agregó en respuesta al descontento: “Desde
entonces se ha determinado que el título de la película cambiará, y por lo
tanto estamos retirando nuestra solicitud de registro de marca”.
En una película de
Disney con el título “Día de Muertos” ¿qué veríamos? ¿Catrinas protagonizando
persecuciones? ¿Coprotagonistas en forma de calaveritas de azúcar? ¿Créditos
con fondos de papel picado? No cuestiono la excelencia de los proyectos de
Pixar que desde hace varios años han dado especial brillo y calidez a las películas
de la Disney, pero lo que sí me parece que no debemos ignorar es la aparente falta
de juicio de un corporativo que pretende apoderarse comercialmente de un
patrimonio que no pertenece a un individuo o a una empresa, sino a una
colectividad.
Este asunto de
Disney es a todas luces una metida de pata del corporativo, una carencia de
sentido común y sensibilidad social, es el resbalón de una empresa que al
sentirse intocable no quiere ver más allá de sus propios intereses mercantiles.
Afortunadamente han reconsiderado y dado marcha atrás a sus pretensiones. Lo
que ahora nos queda para la reflexión es la preocupante y creciente tendencia entre
los grandes corporativos internacionales de capitalizar e incorporar el
patrimonio cultural intangible al ámbito de lo mercantil desde la óptica de lo
norteamericano.
A manera de cierre
a esta columna, no quiero dejar de comentar que desde noviembre del 2003, la
celebración del Día de Muertos ingresó en la lista del Patrimonio Oral e
Intangible de la Humanidad de la UNESCO. Esta contundente información
resolvería cualquier duda que el corporativo Disney pudiera haber tenido acerca
de la propiedad patrimonial o intelectual del Día de Muertos antes o durante la
solicitud del registro como marca. Una controversia que seguramente Disney
querrá olvidar lo más pronto posible.
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