Difícil saber donde inicia o
donde termina la historia de Sixto Rodríguez.
Nieto de migrantes mexicanos que llegaron a
Detroit en la década de los veinte, Sixto vivió su infancia y adolescencia deambulando en las
barriadas de una ciudad decadente. Ya
en los sesenta, compuso un conjunto de canciones en un estilo muy identificado
con su propia época, oscilante entre el fraseo de Bob Dylan, la presencia de
José Feliciano y la musicalidad de Carol King. Un poco de folk, algo psicodelia y mucho soul.
Rodríguez
lanzó al mercado dos discos que parecían estar llamados a alcanzar la gloria: Cold Fact (1970) y Coming from Reality (1971). Sin embargo, sus grabaciones para el
sello discográfico Sussex Records no llegaron a ninguna parte, orillando su
música al más profundo de los olvidos y su existencia al panteón de las
leyendas. Su canción emblemática, Sugar
man, a medio camino entre la oscuridad de I’m waiting for the man de los Velvet Underground y el lirismo de White Rabbit cortesía de Jefferson Airplane,
nos hace cuestionarnos seriamente el por qué Sixto Rodríguez no alcanzó la
celebridad en la escena musical norteamericana.
Silver magic ships you carry
Jumpers, coke, sweet Mary Jane
Sugar man you're the answer
That makes my questions disappear
Tras abandonar la música profesional ante la escasez
de ventas de sus elepés, Rodríguez siguió laborando como trabajador de la
construcción, viviendo en la misma humilde casa y tocando ocasionalmente, ajeno
por completo al fenómeno de circulación y recepción que sus acetatos tuvieron
en otras latitudes del mundo. En naciones como Sudáfrica, Australia y Nueva
Zelanda sus canciones eran himnos que corearon varias generaciones deseosas de
encontrar su propia voz.
En los noventa, Craig Bartholomew y Stephen
Segerman inician la búsqueda de este misterioso cantante, recopilando mitos sobre
su desaparición y muerte ya fuera por locura o sobredosis. Al cabo encuentran a
Rodríguez, lo contactan y organizan juntos la gira Dead men don’t tour: Rodriguez in South Africa en una especie de
justicia poética para el cantautor. Sin embargo, en el resto del mundo
Rodríguez seguía siendo invisible, hasta que el documental Searching for Sugar man llevó su historia al lugar que siempre tuvo.
En 2006, el director
de cine sueco, Malik Bendjelloul conoció en Ciudad del Cabo a Stephen Segerman y de esa conversación surgió la idea de rodar
el filme que ganaría los Premios del Jurado y del Público en el Festival de
Sundance de 2012 y el Oscar al mejor documental en 2013.
El director Bendjelloul cuenta esta inverosímil historia casi a la
manera de un thriller policiaco mezclando entrevistas, material de
archivo y animaciones. Tiene el atino de sólo entrevistar a los protagonistas de
la misma y de no incluir a ninguna voz “autorizada” que nos diga qué tan bueno
es Rodríguez. El documental se desarrolla a partir de unas preguntas básicas
sobre la vida de Rodríguez y poco a poco va desmadejando el misterio,
aderezando cada momento con la música del compositor. Al final, nos queda una reflexión
sobre la importancia que concedemos al éxito en nuestra sociedad contemporánea:
¿es resultado del mérito? ¿Del azar? ¿Producto de la perseverancia o de la suerte?
¿Realmente vale la pena?
Searching
for Sugar man por fin ha llegado
a las pantallas de los cineclubes en México. No pueden perdérsela.
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