Detroit enfrenta serios problemas
financieros. Desde 1950, la ciudad ha perdido la mitad de su población, el
desempleo ronda el 18%, una tercera parte de las casas habitación están
abandonadas y la deuda pública alcanza los $15.6 mil millones de dólares. Detroit
está oficialmente en bancarrota. Ante esta situación, el gobernador del estado
de Michigan Ryck Snyder nombró en marzo al abogado Kevyn Orr como administrador de emergencia para el
manejo de la crisis.
Entre las posibles medidas se llegó a
considerar la venta de la colección del Detroit Institute of Arts (DIA) -valuada en millones de dólares-, para
contribuir al pago de la deuda. A pesar que el DIA es administrado por una
asociación privada sin fines de lucro, el inmueble y la mayor parte de sus
colecciones son propiedad de la ciudad, por lo tanto, podrían llegar a ser considerados
como activos. Incluso, Kevyn Orr contrató los servicios de la casa de subastas
Christie’s para que tasara la colección. Al día de hoy, sabemos que el remate
de las obras no tendrá lugar debido a
que el Fiscal General y el Senado del Estado de Michigan bloquearon la
iniciativa de Orr. En el Senado se argumentó la decisión en base al Código de Ética de la Alianza Americana de
Museos (AAM), que especifica
que las ganancias provenientes de la venta de las colecciones deberán
utilizarse únicamente en la adquisición de nuevas obras.
La pregunta podría ser: ¿y por qué habría de
protegerse una colección que vale millones de dólares y cuya venta potencial
remediaría las necesidades más apremiantes de la ciudad de Detroit como son el
seguro al desempleo, la atención a los servicios educativos y el funcionamiento
de las instituciones de salud? ¿Podría la venta de algún Van Gogh o Caravaggio,
de un Rembrandt o de un Matisse, aliviar las finanzas públicas de la ciudad de
Detroit de una vez y para siempre?
Por más extraño que nos parezca el caso
norteamericano, estas cuestiones no nos deberían ser del todo ajenas. Si bien,
en los Estados Unidos la economía de corte liberal ha llevado a que la mayor
parte de sus museos sean instituciones privadas regidas por organismos y
asociaciones sin fines de lucro, tradicionalmente la responsabilidad financiera
en la manutención del patrimonio artístico no ha recaído solamente en manos de
los patronos, sino que éstos, en conjunto con el Estado, conciertan medios y
esquemas de colaboración destinados a garantizar la estabilidad y permanencia
de las instituciones culturales bajo la premisa que son un servicio que eleva
el estándar de vida de sus comunidades. Sin embargo, parece ser que poco a poco
el Detroit Institute of Arts comenzó a depender más de los fondos públicos que de
los privados, provocando así un indeseable desbalance en las aportaciones. Era predecible que tarde o temprano su
patrimonio artístico se viera en riesgo, considerando que su óptimo
funcionamiento dependía del panorama financiero de la ciudad en su totalidad.
En el caso mexicano, si bien algunos museos
son regidos por fundaciones, asociaciones, fideicomisos y patronatos privados,
la inmensa mayoría de ellos son administrados por el Estado. En este escenario,
donde el Estado es el principal rector de las actividades culturales y “dueño”
de las colecciones en los museos, sería impensable para muchos considerar
siquiera el vender los objetos artísticos y culturales que resguardan con el fin
de saldar una deuda o pagar la nómina municipal, por ejemplo. Pero no nos
confiemos del todo, que en muchas ciudades de México, la tentación es mucha, el
patrimonio extenso y la deuda ¡enorme!
Imagen:
VICENT VAN GOGH
Autorretrato, 1887
Óleo sobre cartón
34.9 x 26.7 cm.
Photo
©2013, Detroit Institute of Arts
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