Vale la pena alejarse del circuito de museos
en Paseo del Prado para visitar la zona aledaña al Centro Cultural Conde Duque
y descubrir un nuevo espacio cultural que debe su existencia a la Fundación
Colección ABC. Su nombre es Museo ABC. Centro de
Arte, Dibujo e Ilustración, y resguarda un archivo de gran importancia en
materia de dibujo y gráfica: más de 200mil obras recopiladas desde 1891. De
acuerdo a su página web oficial, el centro cultural nace con el objetivo de
convertirse en un referente mundial en los ámbitos artísticos del dibujo e
ilustración, y en un símbolo de la oferta cultural de Madrid. Ah, y la entrada
es totalmente gratuita.
El Museo ABC abrió sus puertas en noviembre
de 2010 tras una inversión de 3 millones de euros y después de haber
rehabilitado un edificio cedido por la Comunidad de Madrid. Sólo admirar la intervención al edificio,
una antigua fábrica de cerveza Mahou remodelada por los arquitectos Aranguren
& Gallegos, hace más que pertinente la visita. En un entorno tradicional,
las nuevas instalaciones incorporan materiales y acabados modernos, logrando un
perfecto equilibrio entre forma y función. Dentro de las salas, alternan los
antiguos pilares en hierro colado con el perfecto cubo formado por los muros en
un blanco casi diáfano. Con más de 3mil metros cuadrados de instalaciones distribuidos
en seis plantas, su fuerte son las muestras temporales. Dispone de dos amplias
salas de exposición, espacios multifuncionales, una planta destinada a trabajos
de gestión, un depósito de obra, un laboratorio de restauración, almacenes,
cafetería y tienda.
Hasta finales del mes de septiembre, el Museo
ABC presenta la exposición "El
Papel de la Movida. Arte sobre papel en el Madrid de los ochenta"
conformada con más de 500 obras y trabajos de 200 creadores, un recorrido
nostálgico por un Madrid que en la década de los ochenta enfrentaba una serie
de transformaciones en la conciencia política y las prácticas sociales que, de
manera más o menos radical, pretendían cortar de tajo con el periodo de
costumbres atávicas y conservadoras que le precedía. La feliz coincidencia de
creadores con inquietudes afines como la cantante Alaska, el cineasta Pedro
Almodóvar, el diseñador Carlos Berlanga y el dibujante Joaquín de Molina, entre
muchos otros, produjo en esos años un cúmulo de música, gráfica, fotografía,
literatura y cine que por su mezcla de desenfado y candidez, identificaron a la
capital española como un centro de vanguardia en la cultura pop.
De acuerdo al curador Pablo Sycet Torres, esta
exposición no es una muestra sobre la Movida sino un muestreo del arte sobre
papel que se generó en Madrid en esos años, y del influjo que tuvo en el
panorama artístico. Aunque históricamente algunos autores prefieren no referirse
a la Movida como un movimiento estrictamente hablando debido a su falta de
articulación o lineamientos programáticos, no podemos ignorar el impacto que ha
tenido más allá de sus fronteras: tan sólo recordar la expectativa que causara
la proyección de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” en la Cineteca
Nacional allá por 1988, o bien, la cantidad ya obscena de covers mexicanos de “A quién le importa”, cuasi himno cortesía de Alaska
y Dinarama, tan manoseado hoy en día que casi nos ha hecho olvidar sus atributos
originalmente trasgresores.
Veo con gusto que en el Madrid de la actualidad, deprimido por la parálisis política de sus gobernantes, la crisis económica y el alto desempleo, el presentar una exposición que haga recordar los buenos tiempos en que la ciudad era el epítome del cool y el desenfreno, no puede ser más que bien recibida por su sentido de oportunidad y pertinencia. Interesante darnos cuenta que casi cualquier tema puede ser historiable y, sobre todo, que puede ser un instrumento de inspiración y reflexión sobre los tiempos, ya sean oscuros o luminosos, en que vivimos.
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