El viernes 25 de
octubre participé en la Sexta Edición del Seminario Permanente de Museología en
América Latina SePMAL, evento organizado por el Posgrado en Museología de la
Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía ENCRyM de la ciudad
de México, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El propósito del encuentro en palabras de sus organizadores es “ofrecer a los
interesados en el quehacer museológico latinoamericano un espacio de reflexión
crítica respecto a la multiplicidad de aspectos a los que atiende este ámbito
de conocimiento y ejercicio profesional en la región”.
Mi intervención tuvo
lugar en la mesa bajo el título “El
manejo de colecciones. Experiencias prácticas y lecturas contemporáneas”, espacio
que tuve el gran honor de compartir con la restauradora Ma. De Lourdes Gallardo
del Museo del Templo Mayor y con Carmen Cuenca, directora del Museo Tamayo de
Arte Contemporáneo.
La cuestión que puse a discusión del auditorio fue la condición de posibilidad
o imposibilidad que la museología tiene como disciplina compleja -incluso me
atrevo a decir que como una transdisciplina- de transmitir y dar sentido
a los objetos culturales conservados, documentados y exhibidos en el ámbito del
museo. El estudio de caso que les propuse fue nuestra experiencia con la Casa Histórica Arocena,
un museo en la ciudad de Torreón dedicado a interpretar los fenómenos relacionados a la economía, la política, la
vida privada y la movilidad social dentro de la Comarca Lagunera durante el
periodo comprendido entre 1919 y 1936.
Jean Baudrillard en “El sistema de los objetos”
nos dice que “en el espacio privado, cada objeto, mueble y habitación interiorizan
la función asignada por el uso, pero también se revisten de dignidad simbólica;
por ende, la casa entera lleva a su término la integración de las relaciones
temporales en el grupo semi-cerrado de la familia”. De tal suerte que la cultura material también
permite establecer en el ámbito del museo, hipótesis sobre las relaciones
humanas en un lugar y momento específicos del pasado.
En resumen, y bajo esta línea teórica, en la
Casa Histórica Arocena se recrearon las habitaciones familiares como ambientes
destinados a facilitar la interpretación histórica y el otorgamiento de
sentido al sistema de objetos dispuestos en cada contexto específico. Colores,
formas, materiales, ubicación y espacios, todo es funcional, adaptado al orden
o al sistema de los objetos y al valor de sentido que transmiten en su
conjunto, interrelacionados. Cada ambiente de la Casa, evoca historias
relacionadas a la vida privada, la economía, la política y la sociedad de un
tiempo que es considerado por muchos como una belle époque en el norte
de México.
Cierro mi estrada de hoy al blog agradeciendo al maestro Andrés Triana
Moreno y a su equipo de la ENCRYM por la invitación; y a Rodrigo Witker,
museógrafo del Museo Arocena, por haber servido de nexo entre ambos. Mis
felicitaciones por la buena organización del evento, y una sincera invitación
de mi parte para que los lazos tendidos en esta ocasión perduren en otros
intercambios futuros entre los profesionales e instituciones involucrados.
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