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Fachada
de la Catedral y vista del mercado El Parián de la ciudad de México, ca. 1840.
Daguerrotipo 16.4 x 21.5 cm.
George Eastman House. Serie México, ex-colección
Gabriel Cromer. GEH NEG: 23123
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Es tan
omnipresente la fotografía en nuestras vidas, que no tiene mucho caso
conjeturar cómo sería el mundo que conocemos si ésta no existiera. Difícil
pensar en otro objeto cultural que haya logrado armonizar ciencia, arte, tecnología
e imaginación de la manera en que la fotografía lo ha hecho a lo largo de casi
dos siglos de existencia.
Desde los primeros
años de su invención en la tercera década del siglo XIX, la fotografía –digital
o análoga, en esto no habría mucha diferencia- ha sido el medio de reproducción
y difusión de imágenes más popular hasta nuestros días. Simple pero compleja, trivial
en su aspecto pero refinada en sus métodos, la fotografía ha sido testigo del
advenimiento del individuo como nuevo protagonista de la historia y acompañante
sine qua non de la sociedad moderna y
de su tránsito hacia la cultura de masas. Ése era su destino, ése fue llamado.
Su invención fue
vislumbrada desde la Antigüedad. Anticipada por los artistas como la remota
posibilidad de “utilizar el lápiz de la naturaleza” para representar la
realidad, tuvo en la cámara obscura del siglo XVI y en la cámara lúcida de 1807
sus primeros antecedentes. Sin embargo, el dilema central fue desde entonces cómo
fijar las imágenes efecto de la luz proyectada en las superficies.
Varios fueron
los pioneros que en las primeras décadas lograron fijar la elusiva naturaleza
de la luz. Beaumont Newhall en Historia
de la Fotografía da cuenta que Joseph-Nicéphore Niepce fue el primero en
descubrir su acción sobre materiales fotosensibles. El único ejemplo de su trabajo que ha
perdurado al día de hoy es una heliografía
que parece datar de 1827. Su socio y competidor Louis-Jacques-Mandé Daguerre
obtuvo en 1837 una imagen a partir del desarrollo de una técnica de su propia
invención utilizando como soporte de la imagen una placa de cobre recubierta en
plata y sensibilizada con vapores de yodo: el daguerrotipo hacía su debut. Esta noticia llamó la atención del
inglés Henry Fox Talbot quien al impregnar un papel con una solución débil de
sal y nitrato de plata obtuvo dibujos
fotogénicos en negativo, una técnica que después sería conocida como papel salado. El verdadero héroe de la historia fue John F.
W. Herschel quien desarrolló el fijado de la imagen mediante la estabilización
de la plata con un lavado de tiosulfato de sodio. Es a este científico inglés a
quien debemos el término fotografía, así como las nociones de “positivo”
y “negativo”.
El daguerrotipo
llegó a México casi inmediatamente después de su invención en Francia. En el
archivo del George Eastman House.
International Museum of Photography and Film se resguarda una colección de ocho imágenes en
sus soportes originales y que datan de 1839 a 1840 aproximadamente. El experto
en fotografía Fernando Osorio Alarcón documenta que estas vistas del puerto de Veracruz
y de la ciudad de México posiblemente fueron realizadas por un comerciante de
materiales artísticos de nombre Jean Prelier como demostraciones para la venta
del equipo fotográfico. Estas podrían ser si no las primeras imágenes fotográficas
de nuestro país, sí las más antiguas que se conservan. Ante su existencia surgen
una multitud de preguntas. Sólo puedo imaginar las líneas de investigación que
este material de enorme riqueza histórica nos sugiere sobre la elusiva
naturaleza de la luz y, por supuesto, del pasado.
Esta es la
tercera entrada al blog sobre las grandes revoluciones técnicas en el arte ocurridas
de 1789 a 1890, temática del curso que imparto en el Museo Arocena durante el mes de
noviembre. Resta una sola, la dedicada a las imágenes en movimiento: el
surgimiento del cine.
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