El cine es una forma
de entretenimiento que, como práctica social, tuvo sus primeros antecedentes en algunos espectáculos que
fueron muy populares a finales del siglo XVIII y principios del XIX. El teatro
de sombras hizo furor en la corte francesa de Versalles hacia 1772 y el Panorama
– paisajes pintados sobre tela semitransparente, iluminados y con ilusión de
movimiento- fascinó al público en teatros europeos como el llamado Diorama de Louis-Jacques-Mandé Daguerre,
también inventor del daguerrotipo. Estas atracciones se sumaron a la tecnología
y usos de la caja obscura, la linterna mágica y, posteriormente, de la
fotografía como condiciones necesarias para el desarrollo de la cinematografía a
finales del XIX.
Anteriormente,
era posible deleitarse con imágenes en movimiento mediante juguetes y artilugios
ópticos que basaban su funcionamiento en el supuesto fenómeno de la persistencia
retiniana o de la visión. Este fenómeno planteaba, de acuerdo a las teorías de la
época, que una imagen “permanecía” en el
ojo una fracción mínima de tiempo, la necesaria para crear una percepción de movimiento
aparente mediante la sucesión de imágenes estáticas. El primero de estos recursos fue
posiblemente el Taumatropo (1825), un sencillo juguete consistente de un círculo
cortado de cartón con una imagen pintada a cada lado que al girar sobre su
eje creaba la ilusión de combinar ambos. Posteriormente surgieron otros aparatos como
el Fenaquitoscopio (1829), el Zootropo (1834) y el Praxinoscopio (1877), todos
sustentados por este mismo principio.
Dos pioneros
anticiparon la cinematografía a partir de la toma de fotografías secuenciales
del movimiento. El primero fue Eadweard James Muybridge quien en 1897 publicó
sus series de animales y personas captadas en locomoción. Étienne Jules Marey,
por su parte, desarrolló la cronofotografía y los principios de la primera
cámara portable. En ambos lados del Atlántico se desarrollaban ávidamente invenciones
que llevarían en última instancia a la experiencia del cine tal como lo
conocemos actualmente: Louis Aimé Augustin Le Prince filmaría la primera película
conocida en 1888, Thomas Alva Edison patentaría el cinetoscopio en 1889 y los
hermanos Lumière inventarían el cinematógrafo y filmarían sus primeras
películas a partir de 1895.
El invento no
tardaría mucho en llegar a tierras mexicanas: en 1896 Claude Ferdinand Bon
Berbard y Gabriel Veyre, fueron enviados por los hermanos Lumière para mostrar
al presidente Porfirio Díaz el cinematógrafo. Como resultado, filmaron la
primera película en nuestro país con el título El presidente de la República paseando a caballo en el Bosque de
Chapultepec. El cine había recorrido un largo camino desde las sombras
chinescas y los juguetes ópticos hasta la proyección de imágenes en movimiento
y la narrativa argumental.
Con esta entrada
doy por terminada la serie destinada a comentar las cuatro sesiones de mi curso
en el Museo Arocena acerca de las
grandes revoluciones técnicas en la reproducción y la recepción de la imagen
entre los años de 1789 a 1890.
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