Los museos están
en todas partes, o al menos a mí me lo parece. Algunos le llaman deformación
profesional, el trabajo dicta fuera de las horas laborales lo que llama o no la
atención del observador. Siendo así, tal vez sí tengo una deformación
profesional, con una pequeña diferencia: para mí no hay tal cosa como horas "no laborales".
Deformación
profesional o no, en los últimos años me he dedicado a compilar imágenes y
videos relacionados a los museos. Pero no crean que se trata de material
documental o de registro, ni siquiera me gusta andar por ahí haciendo fotos o –peor
aún- selfies de los lugares que he
visitado. Todo lo contrario. Lo que me interesa explorar es el cómo se describe
o utiliza el espacio del museo en otros medios que no son el museo mismo. Para
ser más clara: acopio imágenes que son alusiones
al museo, ya sea como concepto o como escenario, presencias subyacentes que en
muchas ocasiones poco o nada tienen que ver con lo discursivo o lo formal.
Hace cuestión de
una semana veía por primera vez la película Dressed
to kill, “Vestida para matar” (Brian de Palma, 1980), un thriller policiaco con tintes
psicológicos pero más bien gore donde
aparece la siguiente secuencia desarrollada supuestamente en el Museo
Metropolitano de Nueva York. Al parecer, no fueron otorgados los permisos de
filmación al interior de las salas del Met, por lo que las tomas son en realidad de las
galerías del Museo de Arte de Filadelfia. Aquí el personaje interpretado por Angie Dickinson visita el museo con la intención de matar el tiempo, y
por qué no, de incitar una relación casual con un completo extraño.
Gran parte de la
película Dressed to kill es un
homenaje a Vértigo (Alfred Hitchcock,
1958). En particular, la siguiente secuencia donde la
actriz Kim Novak contempla apaciblemente una pintura -el falso retrato de Carlotta Valdes- en
tanto es acechada por el personaje interpretado por James
Stewart. La escena fue filmada en el Museo de Bellas Artes de San Francisco conocido
también como “Legión de Honor”. La pintura en cuestión no forma parte de la
colección, ya que fue realizada para cumplir con el argumento de la película.
En ambos casos mirar
(y ser mirado) parece ser el nombre del juego. Personajes que observan, vigilan y acechan, frente a otros
que incluso sugieren o motivan encuentros al colocarse a sí mismos en
exhibición como si de una pieza del museo se tratara. Evidentemente la locación
del museo sugiere lecturas a distintos niveles relacionadas con la función del
observador: el personaje que contempla la pintura, el que lo vigila y el
espectador mirando la película. Especialmente fascinante es la idea de una
ficción que tiene lugar en un museo donde las pinturas son también creadas como
personajes pero que se encuentran en escenarios
reales, rodeadas de pinturas, digamos, también reales. En cualquier
caso y al nivel que sea, también estaré mirando, y recopilando
imágenes para el Museo Imaginario.
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