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Marc Bijl, Never Mind the
Politics, Here are the Curators, 2005, poster,
Courtesy Upstream Gallery,
Amsterdam
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El ascenso de los nuevos
medios, el cuestionamiento a los elementos fundamentales de la modernidad y el
atractivo de una profesión aparentemente llena de glamour han hecho de la curaduría un supuesto del que puede echarse
mano cada vez que hay que seleccionar y ordenar casi cualquier cosa, por más
banal que ésta sea. Se curan ciclos de cine, fotos en Pinterest y playlists de Spotify. Se curan
aparadores de tiendas, catas de vinos, ferias de arte contemporáneo y exposiciones
con las acuarelas que pintó la tía. Hoy en día parece que todos quieren o
pretenden ser un "curador".
Cuando un concepto se
aplica indiscriminadamente a tantas actividades distintas pierde o tergiversa fácilmente
su significado. Por eso, antes de entrar en materia, algunas definiciones.
Curador procede del latín curator, el que tiene cuidado de algo.
En el contexto específico del museo, es quien estudia, clasifica, establece
categorías de análisis, contenidos temáticos, redacta guiones, instaura y
supervisa normas técnicas, documenta materiales culturales y difunde conocimiento
al público.[1] Un curador no sólo es
aquél que observa, analiza, selecciona y recrea relaciones entre objetos y
conceptos, sino es también quien idealmente tiene la capacidad de generar
conocimiento académico, riguroso y útil destinado a asegurar la preservación y
divulgación del patrimonio cultural material o inmaterial.
Nuestro conocimiento del
mundo se ha vuelto contingente, discontinuo e incierto. Las grandes ideologías
han perdido fuerza y es absurdo pensar en una perspectiva única, en un punto de
vista universal. En este contexto, la figura del curador podría ser una
abstracción, pero dentro del museo, me parece que todavía tiene una función muy
específica, una función que ante todo, es académica.
Así como el arte
contemporáneo está en la búsqueda de sí mismo, también lo está el curador.
Algunos ironizan al presentarlo como un timador con aires de suficiencia
intelectual y aspiraciones de movilidad social -véase el artículo “Ser
curador de arte moderno será considerado fraude en los Estados Unidos-. Desde
mi punto de vista, la curaduría
científica destinada al museo, no es un capricho, sino una disciplina
comprensible a partir del rigor, el método y la transdisciplinariedad. No
cualquier listado de "Las 10 obras más caras de todos los tiempos"
puede ser considerado un trabajo curatorial.
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