martes, 10 de marzo de 2009

GAMBOA Y EL PATRIMONIO AMENAZADO

Esta semana me encontré en la revista Proceso un artículo muy entretenido sobre Fernando Gamboa con motivo del centenario de su nacimiento celebrado el pasado día 28 de febrero y por el cual me entero que se develó un busto en su honor en las inmediaciones del bosque de Chapultepec. No estoy segura que esto sea suficiente homenaje para un embajador cultural de excepción y audaz promotor del arte, comprometido con su labor aún en los tiempos y las situaciones más difíciles como las que se relatan en el texto de “Gamboa: una, dos, tres veces heroico” [1] .
El artículo empieza en 1936 cuando don Fernando se encontraba promoviendo por Valencia, Madrid y Barcelona una exposición itinerante titulada Un siglo de grabado político mexicano. La muestra colectiva estaba conformada nada más y nada menos que por obra de José Guadalupe Posada, Leopoldo Méndez y Alfredo Zalce, entre otros grabadores mexicanos. A su regreso a México montó la exposición España en llamas en apoyo al gobierno republicano. Pero su actuar no se detuvo ahí. Dos años después y ya con el pasaporte diplomático que le otorgara el presidente Lázaro Cárdenas, volvió a Europa para interceder en el exilio de los españoles pertenecientes al derrotado bando republicano. Junto con el entonces embajador en Francia Narciso Bassols, ayudó a cruzar la frontera francesa a millares de personas, para luego trasladarlos a su destino final en México. En este caso la actuación del museógrafo mexicano fue de gran trascendencia política y enorme mérito diplomático.
Diez años después, las aventuras de Gamboa continuaban. Entonces acompañaba al secretario de Relaciones Exteriores, Jaime Torres Bodet, y al director de Asuntos Políticos de la Cancillería, José Gorostiza, en un viaje a Bogotá con motivo de la IX Conferencia Panamericana. En esa misión se transportaron 35 cuadros, entre ellos obras de José María Velasco, Diego Rivera, Orozco y Rufino Tamayo para la Gran exposición interamericana de pintura que se llevaría a cabo en el Palacio de las Comunicaciones de la capital colombiana. El país sudamericano se encontraba en época electoral por lo que había un tenso ambiente político. Lamentablemente el carismático líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, fue asesinado en plena calle por miembros de la facción contraria. Este acontecimiento desató lo que ha dado en llamarse el “Bogotazo”: la gente de la ciudad se armó con lo que pudo, saqueando e incendiando los edificios a su paso, entre los que se encontraba el Palacio de las Comunicaciones, lugar donde ya se encontraban en depósito las cajas con las obras. Fernando Gamboa al enterarse de la revuelta inmediatamente se dirige a la embajada mexicana: ahí tomó una bandera y se fue al Palacio de Comunicaciones agitándola y gritando “¡Viva México, viva Colombia!”. De esta sorprendente manera se abrió paso entre la muchedumbre indignada y logró ingresar al reciento que ya se encontraba en llamas. Casi milagrosamente logró sacar las obras, llevándolas fuera del país hasta tres días después. Esta no sería la última vez que Gamboa excediera sus funciones de museógrafo o conservador de colecciones al actuar de manera más que temeraria ante un conflicto armado.
El tercer momento crítico que se narra en este artículo ocurrió en septiembre de 1973 en Santiago de Chile. Fernando Gamboa se encontraba montando en el Museo de Bellas Artes de Santiago una exposición sobre Rivera, Orozco y Siqueiros con la colección de Álvaro Carrillo Gil. La apertura, programada para el día 18, no pudo llevarse a cabo debido a que una semana antes el ejército al mando del general Augusto Pinochet daba el golpe de estado. Gamboa se encontraba entonces en un hotel muy cercano a la Moneda, por lo que fue testigo presencial del avance de las fuerzas rebeldes. Tras penosos trámites diplomáticos – ya que México era visto con gran recelo por la junta militar – Gamboa logró abordar el día 27 un avión que lo llevaría a México a él, a la comitiva que lo acompañaba y a los 90 cuadros de la colección Carrillo Gil. Increíblemente en medio de las hostilidades, las obras no habían sufrido ningún daño, aunque sí hay reportes de que estuvieron cerca de sufrir impactos por arma de fuego. Una vez más, gracias al aplomo y la ética profesional de Fernando Gamboa el patrimonio mexicano volvía sano y salvo a su país de origen.
El periplo de Gamboa en defensa del arte nacional frente a los vaivenes políticos en el extranjero es un ejemplo in extremis de los riesgos a los que podría verse expuesto el patrimonio cultural. Viene al caso mencionar sobre este tema que en respuesta a la devastación provocada por la II Guerra Mundial, la UNESCO convocó en 1954 a la Convención de la Haya, de donde se desprendió un protocolo destinado a la protección del patrimonio cultural en caso de conflicto armado. Este texto ha sido ratificado por México y otros países, además que cuenta con un segundo protocolo de actualización realizado en 1999.
Sin embargo, aún quedan muchos otros peligros a los que constantemente se enfrentan las colecciones mexicanas, peligros que aunque no son equiparables con los daños colaterales de un golpe de estado o de una guerra civil, también producen bajas muy sensibles. Por un lado tenemos las amenazas de la inacción, representadas por la negligencia, el vandalismo y el abandono; como contraparte, encontramos las alteraciones derivadas de la atención desmedida, representadas por los gobiernos rapaces, las políticas oportunistas, los proyectos faraónicos y la mercantilización irresponsable.
Para terminar la entrada de hoy, me quedo con la esperanza de que recordar las heroicas acciones de Gamboa nos sirva como inspiración para mostrar un mayor compromiso hacia nuestro trabajo, un compromiso que nos impulse si no a enfrentar muchedumbres enardecidas en las calles bogotanas, si nos lleve a no ser parte de los peligros que amenazan todos los días al patrimonio cultural.

Antigüedades mexicanas que existen en el Museo nacional de México 1857 [2]
Litografía
Lámina XXX del libro “México y sus alrededores. Colección de monumentos, trajes y paisajes”
Casimiro Castro, et.al.
Establecimiento Litográfico de Decaen
Biblioteca Nacional de México
Facsímil digital disponible en http://www.cervantesvirtual.com/


[1] RAFAEL VARGAS. Gamboa: una, dos, tres veces heroico. Revista Proceso, No. 1687. 1 de marzo de 2009. p. 61
[2] http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01472848655794917754480/ima0069.htm