lunes, 8 de junio de 2009

HACIENDA DE LA LOMA: ENTRE PANCHO VILLA Y UNAS PAREDES MUDAS (2 DE 2 PARTES)

En la anterior entrada a este blog comentábamos sobre el incierto régimen administrativo que actualmente pone en riesgo la supervivencia de la histórica Hacienda de La Loma, actual Museo Comunitario “División del Norte” en el ejido de León Guzmán, municipio de Lerdo, Durango.
Me parece indispensable que para entender un poco más del funcionamiento y objetivos de los museos comunitarios en México, consultemos el manual Pasos para crear un museo comunitario publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1994.[1] En éste se indica que aunque la iniciativa del museo naciera de la población, es indispensable la presencia de un promotor o facilitador cultural profesional que conozca la comunidad y sus formas de organización. También afirma que el museo debe responder a las necesidades y derechos de la comunidad y que es frecuentemente que surja de la necesidad de afirmar la posesión de un patrimonio cuando se ve el riesgo de perderlo. En el caso particular que nos ocupa me parece factible que la población de León Guzmán sí reconoció como elemento de importancia para la comunidad el casco de la Hacienda de La Loma y que su sola existencia fue la simiente para crear el actual museo con la iniciativa compartida del Estado –representado por el INAH- y la comunidad.
Volviendo al manual, indica que es mandatorio que a través de la participación comunitaria se establezca el comité organizador del museo, se desarrollen los contenidos, se recopilen los objetos y se haga la habilitación del espacio. En este proceso la gente se adueña del museo porque participa en su creación, en los procesos de decisión y en su mantenimiento, viéndolo como algo propio, no impuesto. Es evidente que las instalaciones y ambientaciones museográficas en la Hacienda de La Loma responden a este criterio y que muy posiblemente se hicieran bajo la coordinación de un promotor. La elección del tema centralizado en Francisco Villa y la División del Norte, si bien no carece de importancia, me parece que cae en la oficialización exagerada de los eventos relacionados a la revolución, excluyendo otros hechos del pasado virreinal y el siglo XIX y que son importantes para la interpretación integral del sitio. Me preocupa un poco si la comunidad verdaderamente decidió hacer un museo basado en esta única noción, aunque sospecho que procedieron felices y hasta con cierto ánimo reivindicativo.
Sobre la historia relacionada al XIX, vale la pena comentarles que también en el museo se hace mención a que alguna vez Benito Juárez pasó una noche en el casco de la hacienda, esto en su huida hacia los Estados Unidos cuando la invasión francesa. Ambas anécdotas –la pernocta del Benemérito y el nombramiento de Pancho Villa como general en jefe de la División del Norte- me parecen visiones parcializadas de la historia, anécdotas que solamente se detienen en los grandes nombres, omitiendo la explicación de los procesos económicos, políticos y sociales que les dieron origen.
En el museo comunitario tampoco hay mención alguna al continente arquitectónico, a la importancia y estructura de una hacienda algodonera o a la misión jesuita que fuera el primer germen de este asentamiento. Me pregunto si toda esta información no habría sido importante en el proceso de construcción de identidad en esta comunidad lerdense.
Siguiendo con el A, B, C de cómo crear un museo comunitario, también el texto indica que el comité organizador debe coordinar esfuerzos y tareas dentro de la comunidad, custodiar el patrimonio cultural y ser su portavoz al exterior. Hacia al interior sus funciones se orientan principalmente a la coordinación, promoción y enlace. Es muy importante destacar que un comité puede ser una junta vecinal, una unión campesina o una asociación civil que obtiene autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) o del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en la preservación del patrimonio, para crear o mantener museos. En todos los casos deberá solicitar asesoría técnica para la construcción, inventario, mantenimiento y recaudación de cuotas relacionadas.[2]
En cuanto al Museo Comunitario “División del Norte” quiero suponer que el comité estuvo presidido en algún momento por el padre del actual custodio, el Sr. Antúnez y que al fallecimiento de éste se detonó el paulatino abandono del sitio. Aunque me extrañaría muchísimo que hubiera sido ésta la única persona encargada de todas las funciones de conservación, difusión y enlace del museo. En justicia a la labor del custodio, creo que toda la comunidad y las autoridades locales se han desentendido de su patrimonio, tal vez porque desde el principio la iniciativa vino de fuera o fue seguida sectariamente por unos pocos. Ser promotor cultural no es nada fácil.
Sin embargo, también es mi deber comentarles que el ejido de León Guzmán es una comunidad pequeñísima, de difícil acceso, prácticamente un caserío con unas cuantas construcciones, la más grande de ellas la Hacienda de La Loma. Las calles no están pavimentadas y es evidente la escasez de servicios, factores que pueden ser limitantes de la participación ciudadana en cualquier iniciativa sea ésta de carácter cultural o no.
Aunado a todo esto, en la investigación de la periodista Leonor Gómez Barreiro sobre la hacienda se denunció que al día de hoy no se ha logrado determinar quién es el propietario legal del terreno que ocupa el casco y menos quién es el verdadero encargado de su administración. Hay varias facciones en conflicto, primero, dos familias: la Villarreal Hoyos y la Acosta Castañeda se disputan la propiedad. También están dos asociaciones civiles diferentes que buscan hacerse de los derechos sobre la administración de este patrimonio. Una de ellas es la Fundación Unidos por el Nazas Histórico, Cultural y Natural con apoyo del gobernador del estado y del presidente municipal. Del otro lado, la Fundación Lerdo Histórico, presidida por José Vargas Fausto quien obtuvo en comodato el uso del inmueble de la contigua Hacienda La Goma (¿de quién? no sabemos) y que busca hacer en La Loma el Museo Nacional de Pancho Villa y la División del Norte vinculándolo al de La Goma. En lo que se decide lo primero, lo segundo o lo tercero, la empresa constructora privada Artres, auspiciada por el gobierno del estado, ya está planeando la intervención al inmueble, esto aparentemente bajo reglamentación del INAH, habrá que ver.
El Museo Comunitario “División del Norte” en la Hacienda de La Loma es una encrucijada cultural y legal que no encontrará fácilmente salida si la comunidad y las facciones en disputa no encuentran un terreno común de discusión y un arbitraje competente para resolver sus diferencias. En tanto, el museo permanece inaccesible a varios niveles: tanto por su ubicación y el estado de deterioro en que se encuentra, como por la falta de divulgación y lo abigarrado de sus contenidos enfocados solamente en lo anecdótico. Todos estos elementos vuelven al inmueble una serie de paredes mudas a medio caer que como conjunto integrado carece absolutamente de significado.
En cuanto a la comunidad, la buena intención de hacer de este museo un detonante de sus iniciativas culturas y económicas quedó en eso, en buenas intenciones, todo por la falta de seguimiento, las disputas políticas y la desidia generalizada que tan tristemente caracterizan a este país. ¿Será que ahora que están tocando a nuestras puertas el centenario y bicentenario 2010 que la Hacienda de La Loma tiene una segunda oportunidad?


IMAGEN: Interior de la Hacienda de La Loma, 2008

[1] TERESA MORALES, CUAUHTÉMOC CAMARENA, CONSTANTINO VALERIANO. Pasos para crear un museo comunitario. INAH-CONACULTA-DGCP, México: 1994, p.p. 6-12
[2] MORALES, CAMARENA, VALERIANO. Op.cit. p.32-33