viernes, 7 de mayo de 2010

SE LLAMABA ELENA ARIZMENDI

Del monumental acervo literario que nos ha heredado la Revolución Mexicana, una lectura formativa casi obligada en aquéllos años de preparatoria eran las Memorias de José Vasconcelos, de las cuales, el primer volumen, Ulises Criollo, posiblemente fuera el más socorrido. Como muchos otros alumnos yo también lo leí apresuradamente, sólo que en mi cao con la condición añadida de aprobar un examen extraordinario de literatura sobre el tema. Eran consecuencias de no presentarse a tomar la clase en varias semanas, ni modo.

Pasado el tiempo, superé la imposición escolar y voluntariamente regresé a la lectura, tomándome el cuidado de repasar Ulises Criollo para continuar con el segundo volumen de su autobiografía, La tormenta. Tenía mucha curiosidad de saber qué había ocurrido con uno de los principales personajes, una mujer llamada Adriana que en ambos libros aparecía como el interés romántico de Vasconcelos; una relación que tal vez por ilícita (fuera del contrato matrimonial) parecía resultarle particularmente erótica al autor.

Fue a partir de esta fogosa narrativa que el personaje de Adriana quedaría identificado con la figura de la “amante cabal”, y más aún, con el de la “mujer fatal”, un milagrito que desde finales del siglo XIX se le colgaba al género femenino.

Nombre, ¿es destino?

Al ser las Memorias de Vasconcelos una autobiografía novelada, es normal pensar que de la Adriana literaria a la Adriana histórica pudiera haber alguna distancia. Y así es. Empecemos por decir que el mítico personaje fue construido a partir de la relación que José Vasconcelos estableció con Elena Irene Arizmendi Mejía (1884 – 1949), hija de una familia oaxaqueña de prominente raigambre liberal, quien recibiera una educación muy acorde a su época en colegios de México y los Estados Unidos, siendo en éste último país donde acabaría sus estudios de enfermería.

Podemos encontrar el nombre de Arizmendi relacionado sobre todo a distintos eventos de la Revolución Mexicana. En concreto al movimiento maderista y la batalla de Ciudad Juárez (1911) donde ella fue enfermera de alto rango en la Cruz Blanca Neutral. Sin embargo, y a pesar de esta notoriedad, la sola existencia de Arizmendi permanece prácticamente desconocida, al menos para el gran público.

Por eso me emocionó mucho saber que se había editado el libro Se llamaba Elena Arizmendi (Tusquets, 2010. Colección Centenario), escrito por Gabriela Cano, investigadora del Colegio de México y la Universidad Autónoma Metropolitana. Cano ya había incursionado anteriormente en temas relacionados a la historia de género como es el caso de su libro anterior: Género, poder y política en el México posrevolucionario y del cual ella es coordinadora.

Arqueología aplicada

La autora expresa en estas páginas que la biografía de Arizmendi “entraña una riqueza mucho mayor que la de su álter ego literario” y que frecuentemente se pasa por alto “la capacidad que Arizmendi mostró para sobreponerse al estigma de la amante y rehacer su vida luego de separarse de Vasconcelos (…)”.

A lo largo de los once capítulos del libro, la investigadora establece con mucho rigor la biografía de una mujer cuyas decisiones de vida van mucho más allá de su personificación literaria. Un logro por parte de la investigadora considerando la escasez de fuentes primarias existentes, debido en gran parte a que Arizmendi no legó casi ningún documento personal.

Gabriela Cano reconstruye esta biografía a partir de la entrevista a familiares y contemporáneos de Arizmendi, así como mediante la consulta de fuentes secundarias. Todo esto resultó en una labor que en palabras de la investigadora “tuvo visos de búsqueda arqueológica”. Ella misma comenta en la introducción al libro que posiblemente el mayor obstáculo en su realización fue el superar las ideas preconcebidas acerca del personaje para poder ubicarlo en su justa medida histórica y a través de todas sus facetas: como enfermera, maderista, feminista y escritora.

Ante todo, rigor

Además del evidente rigor en la investigación de Cano, el libro tiene el gran mérito de contar con una narrativa libre y fluida que denota el oficio de la autora en temas de divulgación. Por lo tanto, creo que Se llamaba Elena Arizmendi es una lectura que bien puede terminarse en un solo fin de semana.

Estamos frente a un libro que no abrumará al lector casual con demasiadas citas o pies de página, pero que tampoco desagradará a los más exigentes, ya que al término del volumen de poco más de 250 páginas se encuentran todas las fuentes consultadas y un índice onomástico detallado.

En resumen, Se llamaba Elena Arizmendi es una lectura sumamente recomendable que no solamente es una importante aportación bibliográfica acerca de los “otros” personajes de la Revolución Mexicana, sino que también es una inspiración a superar y enriquecer mediante el conocimiento, las ideas repetidas una y otra vez por las crónicas oficiales.

Ojalá que en el futuro algún maestro de literatura tenga la suficiente imaginación de entregar a sus alumnos el Ulises Criollo acompañado de Se llamaba Elena Arizmendi. Dos lados de la misma moneda.

4 comentarios:

Patricia dijo...

Wow...
Es una de las mejores reseñas que he leído sobre Se llamaba Elena Arizmendi. Con profundidad y sensibilidad la resñenista invita a una lectura que seguramente resultará satisfactoria.

Y la sugerencia a los maestros de literatura me parece acertadísima.

Patricia Vega

Adriana Gallegos C. dijo...

Patricia, ¡muchas gracias por leer el Museo Imaginario! Si te animas a seguir leyendo, está la biografía de Elena Arizmendi :) Saludos, Adriana

gabcano dijo...

Muchas gracias por tu excelente reseña de Se llamaba Elena Arizmendi. Espero que maestros imaginativos de aquí y de allá asignen la lectura de Se llamaba Elena Arizmendi en sus cursos de literatura. ¿Estás en Fbk? Me gustaría ser tu amiga y no te encuentro.

Adriana Gallegos C. dijo...

¡Mil gracias! Para mí fue un gusto enorme leer el libro y ahora estoy muy contenta de poder difundirlo por este medio. Qué bueno que la reseña te haya gustado, el libro me pareció estupendo, qué más te puedo decir. Y bueno, no tengo Facebook, pero podemos estar en contacto por Mail o Twitter, me encantará tener tus datos si? =) Saludos! Adriana