jueves, 3 de junio de 2010

MUSEOS DE CONCIENCIA: ESPACIOS PARA LA MEMORIA

En el pasado encuentro de la American Association of Museums (AAM)[1], acontecido la semana pasada en Los Ángeles, noté que un par de temas aparecían constantemente en las mesas de discusión. El primero era sobre el desarrollo de verdaderos museos participativos, y el segundo, acerca de la consolidación de los “museos de memoria”, que en una traducción bastante libre del inglés podríamos denominar también como “museos de conciencia”.

¿Qué es un “museo de conciencia”?

Un museo de conciencia tiene como misión investigar, conservar y exhibir fuentes materiales relacionadas a hechos de la historia reciente que todavía vulneren el inconsciente colectivo de la comunidad. Para hacer más clara esta definición, pensemos en que los primeros museos de esta naturaleza fueron aquéllos dedicados a recordar la historia del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial, y de los cuales podemos encontrar varios ejemplos en los Estados Unidos, en Europa e incluso en Sudamérica. Estas instituciones marcaron tendencia en el ámbito de los museos o memoriales desde finales de los años setenta.

Como parte de esta misión, los museos de conciencia normalmente hacen uso de técnicas de investigación de campo y estrategias de exhibición y comunicación que involucran a la comunidad. Estas herramientas son válidas en todas las etapas de construcción del discurso museístico, es decir, que son empleadas desde el proceso de documentación, en el acopio de colecciones, para la selección de temáticas específicas, en los recursos de montaje, la realización de talleres y en general en todo lo relacionado a la experiencia del visitante.

Un museo de conciencia o de memoria es entonces un espacio de diálogo destinado a facilitar la comprensión de los hechos del pasado reciente, fomentar la concientización sobre los mismos y apoyar en el proceso de duelo de la sociedad. Se considera que estos eventos, para ser entendidos en su verdadera dimensión histórica, en su impacto y consecuencias, deben ser necesariamente interpretados a través de la reflexión colectiva.

Museos de conciencia en los Estados Unidos

En los Estados Unidos, podemos encontrar museos de conciencia alusivos a temáticas tan diversos como el holocausto judío, el asesinato de John F. Kennedy (1963), el movimiento por los derechos civiles (1960’s), el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York (2001) y el ataque terrorista al edificio Oklahoma (1995), por sólo mencionar algunos. Todos ellos comparten la característica de estar ubicados en el lugar donde ocurrieron los acontecimientos lo que les da una carga emotiva e histórica añadida.

En cuanto al Museo Nacional y Memorial de la Ciudad de Oklahoma (Oklahoma City National Memorial & Museum), posiblemente sea su misión, expresada en el siguiente párrafo, lo que nos ayude a entender el rol que cumplen este tipo de espacios en “sanar” el inconsciente colectivo de la sociedad norteamericana contemporánea: “Venimos para recordar a aquéllos que fueron muertos, a los que sobrevivieron y a aquéllos que fueron cambiados para siempre. Que todos los que se alejen de aquí sepan el impacto de la violencia. Que este memorial conforte y ofrezca fortaleza, paz, esperanza y serenidad.”[2]

Otro caso es el del Museo Nacional y Memorial del 11 de Septiembre (National September 11 Memorial and Museum) el cual está siendo edificando en el terreno que antes ocupara el World Trade Center.[3] Actualmente está abierta la convocatoria pública para la recopilación de documentos, videos, fotografías, objetos y expresiones artísticas relacionadas al 9/11.

Hablando de colecciones, el Museo del Sexto Piso (Sixth Floor Museum) de Dallas, Texas, cuenta con más de 35,000 objetos y documentos relacionados al asesinato de John F. Kennedy, a su época y legado.[4] La ubicación del museo, en el piso desde el cual el francotirador disparó, fue controversial. Antes de su inauguración en 1989, el edificio estuvo a punto de ser demolido ya que para muchos texanos éste era un símbolo de la infamia que había caído sobre la ciudad después de la muerte del presidente norteamericano.

Otro museo cuya sede puede ser considerada como controversial es la del Museo Nacional de los Derechos Civiles (National Civil Rights Museum), ubicado en el Motel Lorraine de Memphis, Tennessee, lugar donde Martin Luther King fuera asesinado en 1968.[5] Sin embargo, para muchos miembros de la comunidad afroamericana, ésta era la única manera posible de honrar al activista tras su fallecimiento.

México: controversia y memoria selectiva

Pareciera ser una constante que los museos de conciencia surjan y existan en medio de la controversia. Esto puede ser comprensible, y en ocasiones inevitable, considerando que muchos de ellos tratan sobre temas que tocan fibras todavía sensibles de la sociedad, aspectos especialmente vulnerables y debatidos de la historia. Otra constante es que el público actual busca de museos diferentes, participativos, que sean incluyentes, democráticos y plurales; lugares donde todas las voces sean tomadas en cuenta y donde todas las voces hagan eco en la historia.

En esta era de la información, los ciudadanos cuentan con más y mejores medios para demandar y exigir respuestas sensibles e inteligentes por parte de las instituciones culturales y me parece que éstas tienen la obligación de responder a sus inquietudes sobre la conservación y difusión de la memoria colectiva de un pueblo. De ahí que museos de conciencia nos planteen a los trabajadores de la cultura cuestiones prácticas, como el decidir a partir de cuándo un hecho reciente se vuelve histórico, y cuándo ese hecho histórico puede ser o no, museable y cómo debería serlo.

Pero este asunto de los museos de conciencia en los Estados Unidos no estaría completo si no reflexionáramos también sobre qué estamos haciendo nosotros con los museos de México. En este sentido, puedo mencionar la existencia del Memorial del 68, recientemente abierto en el Centro Cultural Universitario en Tlatelolco, lo que significa un esfuerzo importantísimo en la creación de memoriales sobre nuestra historia reciente. Sin embargo, es una excepción en la práctica museística de nuestro país.

La historia de México, convulsa y violenta en muchos de sus episodios, nos ofrece acontecimientos que bien podrían ser considerados como material de museos de conciencia o memoriales. Por ejemplo, ¿será que algún día nos decidimos a hacer un memorial sobre la muerte de Lucio Cabañas donde se hable de los movimientos armados en los años setenta y la guerra sucia? ¿O un museo alrededor de la muerte de Luis Donaldo Colosio y que tenga su sede en Lomas Taurinas? ¿Qué tal alguno en los Altos de Chiapas sobre el Subcomandante Marcos y Ejército Zapatista de Liberación Nacional, donde pudiéramos discutir sobre la matanza de Acteal?

La sociedad está cambiando y demanda espacios para el recuerdo, para la memoria. Me parece que los museos, como instituciones modernas, deberían de proveer los medios para alcanzarlo.

Concluyo comentándoles algo que me conmovió esta misma mañana mientras preparaba esta entrada al blog. Abraham Fraijo, el padre de Emilia -uno de los niños trágicamente fallecidos el 5 de junio del 2009 en la guardería ABC de Hermosillo- estaba dando una entrevista en vivo por televisión nacional. A la pregunta del entrevistador sobre qué le había parecido el ofrecimiento del Presidente Felipe Calderón de crear un mausoleo para recordar a los niños, el padre de familia expresó: “El presidente no sabe lo que queremos. No queremos un mausoleo en el lugar donde estaba la guardería. Queremos un museo, queremos un memorial.”

IMAGEN: Mural creado por una escuela primaria de Carolina del Sur en honor de las familias de las víctimas de los ataques de 11/9/01. Regalo de Lawrence Knafo para el Museo Nacional y Memorial del 11 de Septiembre.


[1] Esta es la primera entrada acerca de mi experiencia en la reunión anual de la American Association of Museums llevada a cabo del 23 al 26 de mayo, 2010 en la ciudad de Los Ángeles, California. http://www.aam-us.org/

[2] We come here to remember those who were killed, those who survived and those changed forever. May all who leave here know the impact of violence. May this memorial offer comfort, strength, peace, hope and serenity http://www.oklahomacitynationalmemorial.org/

2 comentarios:

Martxele dijo...

Hola:
No sé que opines tu, pero yo creo que el Museo de la Intervenciones (que podia llamarse de las invasiones)y el de León Trosky son museos memoriales.
A mi me disgustan en general los museos memoriales, me parecen tendenciosos, manipuladores y aburridos. El morbo, las fotos de cadaveres, quiza tengan su raiting.
Si voy a un museo del holocausto (fuera de Auswich)solo sería por conocer la museografia, nunca por su discurso. Además me parece que tienen una vigencia muy limitada y un gran problema: ¿cuál puede ser el criterio para elegir que acontecimiento sí puede ser "museable"?

Adriana Gallegos C. dijo...

Muy interesante lo que comentas acerca de la viabilidad de lo "museable" en términos de hechos del pasado, y sobre la hipersensibilidad que muestra el público mexicano frente a temas que lo confronten con su realidad no tan perfumada. Un museo de conciencia, idealmente, no está hecho para el morbo o para/por un grupo político. No me parece que el Museo de Trosky sea un museo de conciencia, ¿en qué nos hace reflexionar?. Un abrazo y gracias por tu conversación, como siempre. Adriana