lunes, 4 de julio de 2011

CIMIENTOS Y SUSURROS: LAS COLECCIONES SALEN DE BODEGA


Esta semana recibí por correo dos invitaciones: a la inauguración de Susurros de la colección Franz Mayer que tiene lugar el próximo 13 de julio, y la de Cimientos. 65 años del INBA: legados, donaciones y adquisiciones, que abre sus puertas en el Museo Del Palacio de Bellas Artes (MNPBA) el lunes 4 de julio.

Me llamó la atención que ambas exposiciones echan mano de sus colecciones en depósito, no sólo como complemento o apoyo, sino como elemento central. El a qué responde esta decisión, depende no sólo de la política interna del museo, sino también al cómo cada institución gestiona su propio acervo y recursos económicos.

Dudo que exista algún museo que exhiba el 100% de sus colecciones, el 100% del tiempo. Aunque el porcentaje varía, normalmente es más alta la proporción de objetos en resguardo que en las salas permanentes, esto sin importar el tamaño del museo o su capacidad de exhibición. La obras que no se muestran permanecen en depósitos de acceso restringido al público, aunque claro que existen contadas excepciones a esta regla.

Pero en ocasiones, las obras en bodega no sólo son invisibles para el público sino también para el propio museo. El descuido, la ignorancia o la indolencia hacen de los depósitos tristes bodegas del olvido donde el orden y la limpieza son desconocidos. Los objetos desfallecen sin que nadie se preocupe por ellos, menos aún que los considere como material expositivo.

La conservación de un objeto cultural no sólo reside en el trato que le damos, sino también en la puesta en valor que hacemos de él; es decir, no sólo basta con guardarlo en un sitio limpio y ordenado, sino que también es necesario interpretarlo mediante la investigación, documentación y exhibición. "Ningún bien es perfectamente conocido si no es perfectamente amado", diría san Agustín. 

Por lo tanto, y para el museo, me inclino por una política de colecciones donde el acervo permanente, en exhibición o en resguardo, sea el eje prioritario de la reflexión y acción institucional. Esto tiene mucho sentido considerando que administrativamente, la colección es el principal activo fijo de la institución, así que cualquier medida a favor de ésta, es una inversión a largo plazo.

En el caso de Cimientos, el título nos dice mucho de la postura que el Instituto Nacional de Bellas Artes adopta frente al acervo donado o adquirido. La curadora de la muestra es Ana Garduño, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación, Información de las Artes Plásticas (CENIDIAP), quien en otras ocasiones a estudiado el fenómeno del coleccionismo como elemento fundacional del museo. En cuanto a la exposición del Franz Mayer, desconozco quien haya realizado la curaduría, pero la imagen y título de la exposición Susurros no me parecen del todo atinados ya que aluden a algo oculto o secreto, a un mensaje "en voz baja". Dudo que esto sea favorable.

Estamos de acuerdo que una política institucional destinada a conservar, interpretar y exhibir nuestras colecciones es algo sumamente positivo. Sin embargo, la cuestión es por qué está ocurriendo en estos museos y por qué exactamente ahora. Si bien, está claro que en ambos casos responde a un renovado interés por valorar lo propio, este interés también coincide con un momento económico muy crítico, resultado de una serie de gastos superficiales, desmedidos y un laxo manejo de las finanzas en proyectos expositivos anteriores.

Agradezco profundamente que los equipos de comunicación social del INBA y del Franz Mayer me hagan llegar puntualmente sus invitaciones. Realmente espero poder asistir a estas muestras para entonces evaluar de mejor manera cómo este conjunto de circunstancias económicas y de política interna resultan en una buena o mala propuesta. Ya les contaré en su oportunidad.