martes, 19 de marzo de 2013

VENEZUELA: LO CULTURAL Y LO SOCIAL



Por el cariz de las noticias relacionadas al fallecimiento del mandatario venezolano Hugo Chávez pareciera que no existió una Venezuela antes del chavismo. La candidatura de Nicolás Maduro a la presidencia como “Hijo de Chávez” y la decisión de embalsamar el cuerpo al estilo Lenin/Mao/Ho Chi Minh, no hacen sino contribuir a esta noción mediática. Por esto y en contraste, mi comentario del día de hoy es sobre un par de cuestiones culturales en Venezuela que, a mi parecer, son poco conocidas fuera de su país.   

En las décadas del cincuenta y sesenta la ciudad de Caracas se distinguía por ser una metrópolis ultra moderna con espíritu progresista y arquitectura de vanguardia. Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez instalaban magnas obras artísticas en espacios públicos como aeropuertos, edificios gubernamentales e incluso, centrales hidroeléctricas.  La Ciudad Universitaria, ahora declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO,  la Villa Planchart, del arquitecto italiano Gio Ponti; y el Parque del Este, diseñado por el paisajista brasileño Roberto Burle-Marx, son tan sólo algunos ejemplos de la arquitectura en esta recién encontrada modernidad.

Gracias a este ímpetu, en  los años setenta surgieron dos proyectos culturales que hoy en día han encontrado enorme reconocimiento y proyección internacional.  En 1973 una pareja de acaudalados venezolanos iniciaron la Colección Patricia Phelps de Cisneros (CPPC) con obras de arte contemporáneo, arte moderno y colonial, piezas de artistas viajeros en Latinoamérica y objetos etnográficos agrupados en la llamada colección Orinoco. Desde sus sedes en Nueva York y Caracas, la CPPC busca “promover el conocimiento y la valoración de las contribuciones de Latinoamérica a la historia universal del arte y de las ideas, así como apoyar la innovación, creatividad, educación e investigación en el campo del arte latinoamericano.”

En 1975, el músico José Antonio Abreu fundó el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela con la misión de dar “rescate pedagógico, ocupacional y ético a la infancia y la juventud, mediante la instrucción y la práctica colectiva de la música, dedicada a la capacitación, prevención y recuperación de los grupos más vulnerables del país.”  El Sistema, como es conocido más familiarmente, está conformado por una serie de Núcleos operativos en ciudades y pueblos que integran una compleja red de 150 orquestas juveniles y 70 orquestas infantiles. En 2009 existían 180 Núcleos que atendían a 350.000 niños y jóvenes.  En la actualidad, el afamado conductor Gustavo Dudamel es su director artístico y musical.

Hoy, desde la incertidumbre del presente obviamos que la condición histórica de todos los países es discontinua e inestable, es decir, con posibilidades cambio, de movimiento. Si bien no podemos soslayar que la riqueza petrolera financió la arquitectura y el arte de Venezuela de décadas pasadas, también gestó bajo su sombra desigualdades sociales que fueron aprovechadas por los movimientos chavistas. Lección: la cultura no puede entenderse sin atención a lo social.

La última frase de Hugo Chávez en su lecho de muerte fue: “No me dejen morir”. Él ha abandonado físicamente este mundo, Venezuela sigue ahí. No la dejemos morir. 

IMAGEN: Carlos Cruz-Diez. Ambientación cromática (1977) Sala de Máquinas N°1, Central Hidroeléctrica Raúl Leoni. Guri, Venezuela