lunes, 8 de abril de 2013

ARTE Y FINANZAS: REPORTE DELOITTE



Interesantes datos sobre finanzas internacionales, tendencias de inversión y el mercado del arte llegaron a mis manos recientemente  en la segunda edición del “Art and Finance Report 2013”, un documento realizado por la consultora Deloitte, prestigiada firma que oferta servicios de auditoría, consultoría, asesoría financiera, administración de riesgos y servicios fiscales a nivel internacional.

La importancia que el mercado del arte tiene en la economía mundial no debería ser nunca desestimada ni por las entidades financieras, o por la comunidad artística y cultural; menos aún por los gobiernos en sus políticas fiscales o de fomento destinadas al sector. Como muestra,  un simple dato: el proveedor de servicios financieros británico Barclays, calculó en 2013 un estimado de 4 billones de dólares invertidos -a nivel internacional-, en obras de arte y otros bienes que podríamos considerar como coleccionables, entre éstos: autos de lujo, numismática, filatelia, vinos, metales preciosos y joyas.

El reporte de Deloitte nos da una palabra clave: “convergencia”. Una convergencia gradual entre los intereses y motivaciones de los inversionistas claves en el mercado del arte, y la comunidad de entidades financieras, que coinciden en considerar al arte como un valor importante en el escenario global. En el periodo evaluado de 14 meses previos a marzo del 2013, Deloitte evidenció que la motivación para la inclusión de bienes artísticos como parte de las carteras de inversión tradicionales no es ya la competencia, sino la propia demanda del cliente, demanda que marcará tendencia en los próximos años. Un cliente que desea la inversión en bienes artísticos en parte como una decisión financiera, pero también como una opción emotiva, de prestigio y disfrute personal.

El incremento en la tendencia de inversión centrada en los intereses financieros y personales del cliente tiene su fundamento, por supuesto, en la incertidumbre de los mercados producto de la crisis económica actual.  Este panorama amenazante y desestabilizador es ideal para replantear el papel del arte y, por qué no, de las industrias culturales en general, como una opción viable para una economía que, si bien ha primado la movilización de capital hacia instrumentos bursátiles, ahora se inclina hacia la compra de bienes artísticos y de colección como una herramienta estratégica  para la diversificación de las inversiones. Más aún, en el panorama de hoy en día, la inversión en arte no tiene tanto que ver con el valor de éste para capitalizar al poseedor en una transacción de venta posterior, sino en las opciones de diversificación y flexibilización de su cartera de inversiones y capital de resguardo en efectos que tengan nula o  escasa correlación directa con instrumentos tradicionales como los bonos o las acciones.

A manera de conclusión nos queda la noción de que para alcanzar a comprender la actualidad del mercado del arte en este año que comienza del 2013, debe recabarse información sobre la tendencia de consumo del cliente y la conformación de sus portafolios de inversión. La obra de arte, en este sentido, es tanto un activo como un servicio: un activo en cuanto a su valor intrínseco de mercado, pero también un servicio en cuanto a su valor agregado como experiencia.  En este escenario, ¿cuál sería la ventaja competitiva de la comercialización de arte en México y desde México?