lunes, 25 de noviembre de 2013

LA ELUSIVA NATURALEZA DE LA LUZ: FOTOGRAFÍA HACIA 1840

Fachada de la Catedral y vista del mercado El Parián de la ciudad de México,  ca. 1840. Daguerrotipo 16.4 x 21.5 cm. George Eastman House. Serie México, ex-colección Gabriel Cromer. GEH NEG: 23123
Es tan omnipresente la fotografía en nuestras vidas, que no tiene mucho caso conjeturar cómo sería el mundo que conocemos si ésta no existiera. Difícil pensar en otro objeto cultural que haya logrado armonizar ciencia, arte, tecnología e imaginación de la manera en que la fotografía lo ha hecho a lo largo de casi dos siglos de existencia.

Desde los primeros años de su invención en la tercera década del siglo XIX, la fotografía –digital o análoga, en esto no habría mucha diferencia- ha sido el medio de reproducción y difusión de imágenes más popular hasta nuestros días. Simple pero compleja, trivial en su aspecto pero refinada en sus métodos, la fotografía ha sido testigo del advenimiento del individuo como nuevo protagonista de la historia y acompañante sine qua non de la sociedad moderna y de su tránsito hacia la cultura de masas.  Ése era su destino, ése fue llamado.

Su invención fue vislumbrada desde la Antigüedad. Anticipada por los artistas como la remota posibilidad de “utilizar el lápiz de la naturaleza” para representar la realidad, tuvo en la cámara obscura del siglo XVI y en la cámara lúcida de 1807 sus primeros antecedentes. Sin embargo, el dilema central fue desde entonces cómo fijar las imágenes efecto de la luz proyectada en las superficies.

Varios fueron los pioneros que en las primeras décadas lograron fijar la elusiva naturaleza de la luz. Beaumont Newhall en Historia de la Fotografía da cuenta que Joseph-Nicéphore Niepce fue el primero en descubrir su acción sobre materiales fotosensibles.  El único ejemplo de su trabajo que ha perdurado al día de hoy es una heliografía que parece datar de 1827. Su socio y competidor Louis-Jacques-Mandé Daguerre obtuvo en 1837 una imagen a partir del desarrollo de una técnica de su propia invención utilizando como soporte de la imagen una placa de cobre recubierta en plata y sensibilizada con vapores de yodo: el daguerrotipo hacía su debut. Esta noticia llamó la atención del inglés Henry Fox Talbot quien al impregnar un papel con una solución débil de sal y nitrato de plata obtuvo dibujos fotogénicos en negativo, una técnica que después sería conocida como papel salado.  El verdadero héroe de la historia fue John F. W. Herschel quien desarrolló el fijado de la imagen mediante la estabilización de la plata con un lavado de tiosulfato de sodio. Es a este científico inglés a quien debemos el término  fotografía, así como las nociones de “positivo” y “negativo”.

El daguerrotipo llegó a México casi inmediatamente después de su invención en Francia. En el archivo del George Eastman House. International Museum of Photography and Film  se resguarda una colección de ocho imágenes en sus soportes originales y que datan de 1839 a 1840 aproximadamente. El experto en fotografía Fernando Osorio Alarcón documenta que estas vistas del puerto de Veracruz y de la ciudad de México posiblemente fueron realizadas por un comerciante de materiales artísticos de nombre Jean Prelier como demostraciones para la venta del equipo fotográfico. Estas podrían ser si no las primeras imágenes fotográficas de nuestro país, sí las más antiguas que se conservan. Ante su existencia surgen una multitud de preguntas. Sólo puedo imaginar las líneas de investigación que este material de enorme riqueza histórica nos sugiere sobre la elusiva naturaleza de la luz y, por supuesto, del pasado.


Esta es la tercera entrada al blog sobre las grandes revoluciones técnicas en el arte ocurridas de 1789 a 1890, temática del curso que imparto en el Museo Arocena durante el mes de noviembre. Resta una sola, la dedicada a las imágenes en movimiento: el surgimiento del cine.