lunes, 17 de febrero de 2014

CUANDO TRABAJAS EN UN MUSEO

Conmovedora la inocencia de aquel estudiante recién egresado de la universidad cuando llega puntualmente a su primer día de trabajo con café en mano, traje planchado y portafolio recién comprado.  Dispuesto y servicial, agradecido y frecuentemente mal pagado, aún no conoce a fondo todos los sinsabores que le depara la vida laboral. Menos aún cuando se trata de la vida de un trabajador de museo. Parece que has encontrado el mejor trabajo de tu vida… ¿o no?

Recientemente llamó mi atención un blog de autoría colectiva que lleva por título When you work at a museum (Cuando trabajas en un museo). En este sitio se ironiza humorísticamente sobre las situaciones un tanto ridículas por las que se pasa como empleado, colaborador o voluntario en un museo, y créanme que las hay a montones.  Este sitio Tumblr, creado en los Estados Unidos, ha reunido desde octubre del año pasado 173 aportaciones conformadas por una o varias animaciones GIF y frases anecdóticas tipo: “Cuando un artista quiere instalar una bañera repleta de espagueti, algas marinas y yogur en tu galería y dejarla por dos meses” o “Cuando recibes un comentario diciendo que necesitas añadir algunas pinturas del Renacimiento a tu museo de arte contemporáneo”. Estimados colegas, ¿no les suena  remotamente familiar? 

Uno de mis favoritos es éste:  "24 horas antes de que abra una nueva exhibición". 


Pero, ¿quiénes trabajan en un museo? Somos una especie extraña y algo sufrida de profesionales que va desde los educadores, pedagogos, guías, voluntarios, curadores, investigadores, recaudadores de fondos, arquitectos, museógrafos, montajistas, restauradores, operarios, conserjes, patronos, custodios, contadores, diseñadores, secretarias, editores, registradores de obra, filántropos, historiadores, consejeros, directores, carpinteros, programadores y un larguísimo etcétera. Me arriesgo a decir que como mayoría, estamos altamente motivados y  mantenemos un gran respeto por nuestra profesión, por el público y el patrimonio; muchas veces a pesar de los bajos sueldos, los horarios imposibles, los problemas económicos y los vaivenes políticos.

Estoy segura que mi queridos colegas, amigos y visitantes de los museos verán con el mismo afecto y empatía que yo las entradas del blog “When you work at a museum”. De mi parte les confieso que todavía no me animo a contribuir con ninguna, pero les juro que anécdotas ¡me sobran!