lunes, 3 de marzo de 2014

TODOS QUIEREN SER CURADORES

Marc Bijl, Never Mind the Politics, Here are the Curators, 2005, poster, 
Courtesy Upstream Gallery, Amsterdam
El ascenso de los nuevos medios, el cuestionamiento a los elementos fundamentales de la modernidad y el atractivo de una profesión aparentemente llena de glamour han hecho de la curaduría un supuesto del que puede echarse mano cada vez que hay que seleccionar y ordenar casi cualquier cosa, por más banal que ésta sea. Se curan ciclos de cine, fotos en Pinterest y playlists de Spotify. Se curan aparadores de tiendas, catas de vinos, ferias de arte contemporáneo y exposiciones con las acuarelas que pintó la tía. Hoy en día parece que todos quieren o pretenden ser un "curador".

Cuando un concepto se aplica indiscriminadamente a tantas actividades distintas pierde o tergiversa fácilmente su significado. Por eso, antes de entrar en materia, algunas definiciones.

Curador procede del latín curator, el que tiene cuidado de algo. En el contexto específico del museo, es quien estudia, clasifica, establece categorías de análisis, contenidos temáticos, redacta guiones, instaura y supervisa normas técnicas, documenta materiales culturales y difunde conocimiento al público.[1] Un curador no sólo es aquél que observa, analiza, selecciona y recrea relaciones entre objetos y conceptos, sino es también quien idealmente tiene la capacidad de generar conocimiento académico, riguroso y útil destinado a asegurar la preservación y divulgación del patrimonio cultural material o inmaterial.

Nuestro conocimiento del mundo se ha vuelto contingente, discontinuo e incierto. Las grandes ideologías han perdido fuerza y es absurdo pensar en una perspectiva única, en un punto de vista universal. En este contexto, la figura del curador podría ser una abstracción, pero dentro del museo, me parece que todavía tiene una función muy específica, una función que ante todo, es académica.

Así como el arte contemporáneo está en la búsqueda de sí mismo, también lo está el curador. Algunos ironizan al presentarlo como un timador con aires de suficiencia intelectual y aspiraciones de movilidad social -véase el artículo “Ser curador de arte moderno será considerado fraude en los Estados Unidos-. Desde mi punto de vista,  la curaduría científica destinada al museo, no es un capricho, sino una disciplina comprensible a partir del rigor, el método y la transdisciplinariedad. No cualquier listado de "Las 10 obras más caras de todos los tiempos" puede ser considerado un trabajo curatorial.



[1] Curaduría en un museo. Nociones básicas. Ministerio de Cultura/Museo Nacional de Colombia